J. acababa de comprar su primera vivienda, pero no se sentía capaz de afrontar sola un proyecto así. Tenía claro que quería sentirse en calma al llegar a casa, pero también miedo a equivocarse y tomar decisiones que después no funcionaran en el día a día. Por eso decidió delegar completamente el proceso.
La vivienda, de 65 m2, tenía una paleta de colores excesivamente estimulante, que generaba justo la sensación contraria a la que necesitaba: descanso, orden y equilibrio.
El proyecto se centró en optimizar cada metro cuadrado a través de una intervención sencilla pero muy estratégica. Se eliminó un baño estrecho e incómodo para crear una zona de almacenaje y estudio integrada en el dormitorio principal, mejorando la funcionalidad general de la vivienda sin necesidad de grandes cambios estructurales.
El color azul se utilizó como hilo conductor para aportar frescura y continuidad entre espacios, mientras que el mobiliario sencillo y bien estudiado permitió responder a todas sus necesidades dentro de un presupuesto ajustado.
Un proyecto de interiorismo pensado para transformar una primera vivienda en un lugar personal, funcional y fácil de vivir.