Esta vivienda tenía algo especial desde el principio: unas vistas increíbles al mar. El problema es que la distribución no permitía disfrutarlas como se merecían y, además, los espacios no terminaban de funcionar en el día a día.
El proyecto se planteó como una reforma integral con un objetivo muy claro: reorganizar la vivienda para hacerla más funcional, más luminosa y completamente abierta hacia el exterior.
Una de las decisiones más importantes fue mover la cocina de sitio. Esto permitió conectarla directamente con la zona de estar y con la terraza, creando una relación mucho más fluida entre los espacios. A partir de ahí, la vivienda empezó a funcionar de otra manera: más abierta, más cómoda y mucho más coherente.
La zona de día se diseñó como un único espacio continuo donde cocina, salón y exterior se relacionan de forma natural. Los grandes ventanales hacen que el mar esté siempre presente, como si fuese parte del propio interior de la casa, aportando luz y una sensación constante de calma.
El proyecto no se quedó solo en esta zona. También se reorganizaron baños y estancias, optimizando el almacenaje y mejorando la funcionalidad general de la vivienda con soluciones a medida, sin perder la sensación de orden ni de amplitud.
El resultado es una vivienda luminosa, equilibrada y muy conectada con su entorno, donde la distribución y la luz natural son las verdaderas protagonistas de cómo se vive el espacio.