Vivienda años 70

Esta vivienda de los años 70, con 180 m², necesitaba una intervención integral para adaptarse a una nueva etapa de vida: convertirse en la residencia principal de sus propietarios.

El punto de partida no era solo técnico. La vivienda se sentía desordenada, con una distribución poco funcional, espacios mal conectados y unas instalaciones que habían quedado desactualizadas. A todo esto se sumaban limitaciones estructurales —techos bajos y elementos constructivos visibles— que condicionaban por completo la forma de reorganizar el espacio.

El objetivo del proyecto no fue únicamente rediseñar la vivienda, sino hacer que volviera a ser fácil de vivir.

Reforma integral de vivienda de los años 70: redistribución funcional y diseño a medida

Desde el inicio se trabajó una redistribución muy precisa, buscando que cada metro cuadrado tuviera sentido y que la circulación dentro de la casa fuese clara y natural. La entrada se convirtió en un espacio clave, funcionando como punto de conexión y orden entre las diferentes zonas.

A partir de ahí, la vivienda empieza a entenderse de forma mucho más sencilla y coherente: una zona de día abierta que integra salón, comedor y cocina; una zona de apoyo con almacenaje bien resuelto; y una zona de noche claramente diferenciada para aportar calma e intimidad.

Uno de los retos más importantes fue integrar el mobiliario existente, de estilo clásico y con piezas de madera noble. En lugar de verlo como una limitación, se trabajó como parte del proyecto, consiguiendo que conviviera de forma natural con el nuevo diseño y aportara continuidad entre lo nuevo y lo existente.

Todo el proceso estuvo guiado por una idea muy clara: que los clientes no tuvieran que preocuparse por cómo encajar cada decisión, sino simplemente confiar en que cada parte de la vivienda iba a tener su lugar. El resultado es una casa que funciona de manera sencilla y fluida, donde todo encaja sin esfuerzo y donde cada espacio tiene un propósito claro. Amplitud, luz y sensación de hogar definen el proyecto. Pero, sobre todo, la tranquilidad de saber que la vivienda por fin está pensada para la vida real de quienes la habitan.

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